Al final veras que se puede aplicar para muchos temas: si vemos basura tirada es posible que tiremos otras, ya sabes, “una raya mas al tigre”, si nos acostumbramos a que los niños y adolescentes sean obesos al final lo veremos como algo “normal”, igual se aplica para la violencia , la estupidez, o la corrupción. Es una forma de entrar en “sintonía” La buena noticia es que también funciona con las conductas constructivas, en algunos textos se llama “RESONANCIA”.
(Rupert Sheldrake “La presencia del pasado”)

El estudio es interesante, sobre todo para autoevaluarnos, darnos cuenta de la interdependencia que hay entre todo y entre todos, y poner manos a la obra.

En 1969, en la Universidad de Stanford (EEUU), el Prof. Philip Zimbardo realizó un experimento de psicología social. Dejó dos autos abandonados en la calle, dos autos idénticos, la misma marca, modelo y hasta color. Uno lo dejó en el Bronx, por entonces una zona pobre y conflictiva de Nueva York y el otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California. Dos autos idénticos abandonados, dos barrios con poblaciones muy diferentes y un equipo de especialistas en psicología social estudiando las conductas de la gente en cada sitio.

Resultó que el auto abandonado en el Bronx comenzó a ser bandalizado en pocas horas. Perdió las llantas, el motor, los espejos, el radio, etc. Todo lo aprovechable se lo llevaron, y lo que no, lo destruyeron. En cambio el auto abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto.

Es común atribuir a la pobreza las causas del delito. Atribución en la que coinciden las posiciones ideológicas más conservadoras, (sobre todo de la derecha más a la “derecha”)  Sin embargo, el experimento en cuestión no finalizó ahí, cuando el auto abandonado en el Bronx ya estaba deshecho y el de Palo Alto llevaba una semana impecable, los investigadores decidieron romper un vidrio del automóvil de Palo Alto, California. El resultado fue que se desató el mismo proceso que en el Bronx de Nueva York y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo estado que el del barrio pobre.

¿Por qué el vidrio roto en el auto abandonado en un vecindario supuestamente seguro es capaz de disparar todo un proceso delictivo?
No se trata de pobreza. Evidentemente es algo que tiene que ver con la psicología, el comportamiento humano y con las relaciones sociales.

Un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de deterioro, de desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia, como de ausencia de ley, de normas, de reglas, como que todo vale nada. Cada nuevo ataque que sufre el auto, reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada de actos, cada vez peores, se vuelve incontenible, desembocando en una violencia irracional.

En experimentos posteriores (James Q. Wilson y George Kelling) desarrollaron la ‘teoría de las ventanas rotas’, la misma que desde un punto de vista criminológico concluye que el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son mayores.

Si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás. Si una comunidad exhibe signos de deterioro, y esto es algo que parece no importarle a nadie, entonces allí se generará el delito. Si se cometen esas “pequeñas faltas” como estacionarse en lugar prohibido, exceder el límite de velocidad o pasarse un semáforo en  luz roja y estas pequeñas faltas no son sancionadas, entonces comenzarán a desarrollarse faltas mayores y luego delitos cada vez más graves.

Si los parques y otros espacios públicos son deteriorados progresivamente y nadie toma acciones al respecto, estos lugares serán abandonados por la mayoría de la gente (que deja de salir de sus casas por temor a las pandillas), esos mismos espacios abandonados por la gente serán progresivamente ocupados por los delincuentes. No olvidemos que lo mismo sucede con los espacios naturales como los bosques, hoy tan abandonados y llenos de basuras.

La respuesta de los estudiosos fue más contundente aun, indicando que, ante el descuido y el desorden, crecen muchos males sociales y se degenera el entorno.
Tan solo vea un ejemplo en casa: si un padre de familia deja que su casa tenga algunos desperfectos, como falta de pintura de las paredes en mal estado, malos hábitos de limpieza, malos hábitos alimenticios, malas palabras, falta de respeto entre los miembros del núcleo familiar, etc., etc., entonces poco a poco se caerá en un descuido de las relaciones interpersonales de los familiares y comenzarán a crear malas relaciones con la sociedad en general y quizá algún día llegarán a caer  en prisión.

Esa puede ser una hipótesis de la descomposición de una gran parte de nuestra sociedad, la falta de apego a los valores universales, la falta de respeto de la sociedad entre sí,  la corrupción política y en todos los niveles de la sociedad, la falta de educación y formación de cultura urbana y la falta de oportunidades, ha generado países con ventanas rotas, con muchas ventanas rotas y nadie parece estar dispuesto a repararlas.
La solución a este problema, yo, un humilde escribidor, no la tengo estimado lector o lectora, pero he comenzado a reparar las ventanas de mi casa, estoy tratando de evitar el sedentarismo, relacionarme más y mejor con la naturaleza, mejorar los hábitos alimenticios y escoger y cuidar bien mis amistades, ya que muchas personas, pareciera que tuviesen  ventanas rotas en su mente y su corazón.

Todos los miembros de la familia  evitamos  la vulgaridad, decir malas palabras delante de nuestros hijos,  no mentir, ser honestos,  auténticos y solidarios.   Hemos acordado aceptar las consecuencias de nuestros actos con valor y responsabilidad, pero sobre todo, dar una buena dosis de educación a nuestros hijos, con esto y con la ayuda del azar, espero comenzar a cambiar en algo lo que antes hubiera hecho, o hice mal.  He soñado, que los míos en el futuro repitan esto, con la finalidad de que los hijos de mis hijos, o los nietos de mis hijos vean algún día, un nuevo mundo, un mundo sin ventanas rotas.

Estudio recomendado por la Dra. Elena Otazo. Lic. en Química Organica.  Texto desarrollado y adaptado por JM Opi