Con tantas distracciones, cada vez cuesta más trabajar.

Los mensajes y las actualizaciones en las redes sociales, suponen una reducción en el nivel de productividad en algunas empresas y organizaciones.

Esta no es una afirmación que yo hago, pero sí que comparto. No voy a relatar las múltiples, variopintas y estrambóticas respuestas que he recogido de personas que estaban encantadas con el uso (yo afirmo que abuso), que hacen de la dedicación de una inmensa parte de su vida (obsérvese que no digo “tiempo”) a estas, en muchos casos supuestas, “relaciones sociales”.

Bien, no seré yo quien las critique, ya que también pienso que tienen sus grandes aspectos positivos, me dedicaré, una vez más, a exponer e invitar a reflexionar.

Para ilustrar con datos esta reflexión, me apoyo en el siguiente artículo/estudio publicado por The Wall Street Jorurnals Americas, que publicaré en dos artículos. Y aunque se centra básicamente en el comportamiento en oficinas, lo podemos extrapolar perfectamente a cualquier ámbito de la vida laboral. Cito la fuente: “Workplace Distractions: Here’s Why You Won’t Finish This Article por Rachel Emma Silverman – The Wall Street Journal.

Es probable que en los minutos que le tome leer este artículo haga una pausa para revisar su teléfono móvil, responda un mensaje de texto, lea un correo electrónico o eche un vistazo a los mensajes en su cuenta de correo, Facebook o Twitter. También podría ser distraído por la conversación sobre el nuevo coche de un colega o un compañero de trabajo podría detenerse en su escritorio para hacerle una pregunta rápida.

La distracción en la oficina no es nada nuevo, pero conforme se multiplican las pantallas y los gerentes presionan a los empleados para que hagan más con menos, las empresas indican que el problema se está agudizando y está afectando sus negocios.

La tecnología digital ha incrementado la productividad significativamente, pero el día laboral moderno parece estar específicamente diseñado para destruir la atención individual. Las oficinas abiertas y el énfasis en el trabajo colaborativo, o en equipo, deja a los empleados indefensos frente al cotorreo de sus colegas.

La incesante ola de reuniones y comunicaciones internas significa que tienen que arreglárselas para realizar su “verdadero trabajo” cuando puedan, ya sea temprano en la mañana o en horas de la tarde.

Eso sin siquiera mencionar la necesidad de combatir la tentación de los mensajes y las actualizaciones en las redes sociales.

“Es una epidemia”, sentencia Lacy Roberson, directora de aprendizaje y desarrollo organizacional del sitio de subastas en línea eBay Inc. En la mayoría de las empresas, puntualiza, cuesta “terminar el trabajo diario con todas estas distracciones”.

Estudios muestran que los empleados son interrumpidos -o se interrumpen- aproximadamente una vez cada tres minutos, con numerosas distracciones tanto humanas como digitales.

Después de una distracción, un trabajador puede demorar unos 23 minutos en retomar su tarea original, explica Gloria Mark, profesora de la Universidad de California en Irvine, quien estudia las distracciones digitales.

Las compañías ensayan estrategias para mantener la concentración de sus empleados. Algunas limitan el correo electrónico interno -una empresa de hecho lo prohibió por completo- mientras que otras reducen el número de proyectos que los trabajadores pueden abordar a la vez.

Y como no podía ser de otra manera, algunos de estos abusos, están pasando factura. Ya en 2011, el Tribunal Superior de Justicia de La Rioja confirmó en una sentencia el despido de una trabajadora que pasaba gran parte de su horario laboral navegando por Internet.

La empresa Iman Temporing ETT explicó este cese disciplinario por el excesivo número de horas que pasaba en páginas web ajenas a la labor que desempeñaba en la firma y que afectaban tanto a la calidad de su trabajo como a su productividad.

Es difícil poner puertas al campo, y así lo demuestran las cifras. José Manuel Casado, socio fundador de 2C Consulting, apunta que en determinadas compañías el uso de la Red es imprescindible: el correo electrónico, las redes sociales y los portales online pueden considerarse herramientas necesarias para ciertas empresas. No obstante, Casado advierte que, en este tipo de firmas, los trabajadores se pasan, de media, más de ocho horas a la semana en sitios web no relacionados con su trabajo y alrededor de un 60% de la plantilla envía unos siete e-mails por día. ¡Una pasada proclamo!!

En el siguiente artículo, se indicarán varias soluciones que han adoptado algunas importantes organizaciones con el fin de que no se les vaya el tema “de las manos”.